Primero fueron varios meses de flores y florituras (literarias) para describir a esta selección que parecía sacada de algún tipo de final feliz de cuento de hadas. Un servidor se partió leyendo crónicas y noticias en las que no sólo se entresacaba que indudablemente éramos los más buenos, sino que también éramos los más majos y teníamos el mejor rollo de todo el Eurobasket.
Gracioso porque bastaron dos ostias y varias incertidumbres de juego y sensaciones para de repente, 'destapar' supuestos malos rollos con el entrenador y algún que otro pique interno. Y no, ya no éramos tan buenos, nos íbamos a casita echando ostias.
Ahora, cómo no, tras la recuperación ante Lituania, ahora se vapulea a los anfitriones y 'Vuelve la magia' o 'Vuelve la ilusión'... cuantas cosas vuelven así de golpe, tan rápido como se van, por lo visto.
La conclusión es que en esto del deporte las realidades son pocas, y además están bien escondidas entre las medias tintas.
Así que una realidad, obvia, es que la selección va de menos a más. Ya lo complicado es decir en qué va de menos a más, exactamente. Un servidor opina que todo empezó el día que decidieron ponerse más serios y empezar a bajar el culo en defensa (aquel partido contra Eslovenia). El primer factor apela a lo psicológico, con lo que una vez más serios, pues el tema de la confianza y las sensaciones también va mejorando. Lo segundo, también mental y a la vez físico, es lo que propició que, una vez cerrada al cal y canto tu canasta al contrario, la suya la empiezas a ver con más alegría. Al final todo se retroalimenta, y en ello no debemos obviar un tercer factor, totalmente decisivo: que esta selección, pese a algún que otro pufillo, sigue siendo muy buena.
Por eso, y con semejante evolución mediante, en un plano meramente racional parece muy lógico barrer a Lituania (una copia en malo de los peores momentos de España, increíble lo de los lituanos), y esta tarde a Polonia (un equipo que hace unos días que parece ya contento con el trabajo hecho). Ya en el plano espiritual que tanto gusta, una vez el tema mental parece encauzado (y el culo en defensa queda a la altura óptima), pues este equipo va asomando sensaciones pasadas, afortunadamente, lo que da cierta confianza para los siguientes pasos.
Con todo, esto no quita de otras realidades paralelas (realidades para este escritor, claro):
1. Los tres bases siguen estando muy sosos muy sosos muy sosos. Ricky mejora, pero le ha venido demasiado pronto lo de dirigir a un equipo como éste.
2. Sigue sin valerme que Garbajosa te meta un par de triples, a cambio de descompensar el nivel defensivo del equipo y desaparecer en el rebote.
3. Navarro y Rudy juntos siguen sin encontrarse. Si a uno le va bien, el otro baja su nivel. Qué penica...
4. Negar minutos a Claver para dárselos a Mumbrú sigue siendo más que discutible. Incluso aún parece discutible (por lo prematurao) dar minutos a Claver...
5. La selección sigue con un pequeño freno, que no se va a quitar: sigue en proceso de adaptación a su entrenador, y no a la viceversa, como sería deseable.
Mañana viene Francia, y ya es divertido enterarse de que los gabachos están que trinan porque llevan un europeo inmaculado y les toca ahora con la más fea. Eso está bien, aunque su equipo poco tiene que envidiar: Parker, Diaw, Turiaf, Batum... Es un equipo con mucho tono NBA, muy físicos e intensos, potentes, anárquicos y con menos calidad técnica. Se les echa de menos un superclase, como aquel Rigaudeau al que añoramos tanto.
A ver si me da tiempo a verlo, que igual es que no. Mañana toca ensayo...
jueves, 17 de septiembre de 2009
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