Increíble. Resulta que vuelvo de mis (merecidisímas) vacaciones, y me encuentro con que toda La Rioja está revolucionada, porque un tal Pedro ha abierto un blog: 'Ciudadano Pedro' o algo así. Y hete aquí que todo el mundo quiere visitarlo, algunas fuentes de toda confianza me dicen que en el último mes las tiendas de Telefónica han sido invadidas por ancianos que anhelan un teclado, una pantallica y un ADSL que lleve google y un acceso directo al blog del Ciudadano Pedro para verlo. Incluso los locutorios y las terminales públicas del Alcampo se pueblan de virulentas hordas de gentes ansiosas por teclear las palabras mágicas.com.
Y lo peor: que los espectadores de 'Atico-ncretamente' menguan cada día. ¡¡Me está robando el público!! Aunque he de admitir que publicitariamente el título elegido por el ciudadano Pedro es mucho más vendible y directo que este tan complejo como estulto juego de palabras que un servidor se ha sacado del zurrón. Así que, como se dice por ahí, es de sabios rectificar: bienvenidos a 'Ciudadano Kike'.
La verdad es que, para ser concretos, lo único que se cree uno es que no se cree un pimiento ni de lo que pone en ese blog, ni en ninguno de los que hoy día firma cualquier político, sea afin a la gaviota o a la rosa, o le tire el ecológico verde corporativo. Lo siento, de verdad.
Con lo de los blogs de los políticos, en mi opinión todo acaba cubierto de un más o menos grueso edredón de imagen sintética y artificiosa, empezando por la duda razonable (sobre todo en algunos casos) de si las brillantes peroratas que ahí se publican son del puño y tecla del susodicho o de su asesor de comunicación. Pero en parte es lógico, no se crean, dado que, a fin de cuentas, esta gente cuando publica un blog no le sale gratis, sino que pone sobre el tapete virtual un pedacito de su imagen pública, de su personalidad, de sus intereses y de sus votos. Así que a cada palabra, cada letra, no le queda más remedio que ser medida con el máximo rigor y, en consecuencia, con discutible libertad en el sentido estricto.
El problema que yo veo, y es una humilde opinión, es que ya cuando saltan al 'voy a hacer un blog personal para acercarme al pueblo' el tufillo sintético se acrecienta, al menos para ni narizota, y con él, la propia duda razonable antes mencionada. Entiendo que es una posición complicada para el político, siempre confortablemente asentado tras los atriles y los muros del asesor de comunicación de turno, y ahora obligado a dar la cara, aunque sea un poco, por aquello del modernizarse y adaptarse a los nuevos tiempos. Pero lo siento: para mí, a esta gente sólo la conoces de verdad, espontánea y humanamente, cuando tienes la oportunidad de charlar con ella sin que haya nada en juego, sea la aprobación paralamentaria de una Ley, o una columna en el periódico. Todo lo demás es corporativismo.
Y conforme a todo esto, lo cierto es que estoy de acuerdo con lo de la moderación rígida de los comentarios en esos blogs. Hay que ser muy valiente, y también muy idiota, para dejar en ese apartado un campo abierto al teclado de cualquier desconocido. En todos los sitios hay cretinos descerebrados sin sentido social ni educación, y también gente demasiado lista con argumentos que quizá sería demasiado complicado y farragoso debatir.
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